Vistas de página en total

miércoles, 18 de junio de 2014

COPLAS DE JORGE MANRIQUE

JORGE MANRIQUE   (1 449 - 1 479)       
Sus famosas coplas, constituyen la segunda obra monumental de la literatura medieval española. Manrique es el poeta elegíaco trascendental del s. XV.
Desde muy joven al lado de su padre, participó en las luchas palaciegas de Juan II, defendiendo al Infante don Alfonso contra Enrique IV, a favor de la Infanta doña Isabel contra doña Juana, la Beltraneja. Casado con Guiomar de Meses, tomó parte en numerosos hechos de armas, como en el de Baeza, donde cayó prisionero, y el asalto del castillo de García-Muñoz, donde dejó la vida. Era el años de          1479.
Al morir, encontraron bajo su casaca sus últimas coplas Contra el mundo, que algunos consideran su despedida y testamento literario








ANÁLISIS DE LA OBRA
1.   Tema Poética    : La fugacidad de la vida y lo efímero de las cosas de esta vida.
2.   Género literario     :         Es un poema lírico elegíaco.
3.   La Elegía          :              Es una composición lírica en la que el poeta expresa el dolor, la amargura que siente por la muerte de una persona muy querida, por las calamidades que azotan a un pueblo, o por desilusiones amorosas.
Cuando el asunto versa acerca de una desgraciada nacional la Elegía toma la denominación de Elegía Histórica.
4.   Estrofas : Es la copla o verso de pie quebrado.
5.   La Copla           :              Es una estrofa de 6 versos, dispuesto de una manera especial: después de cada dos verso de ocho sílabas va uno de cuatro sílabas.
Ejemplo:
Recuerde el alma dormida                        8 sílabas
Avive el seso despierte                                            8 sílabas
Contemplando                                                                      4 sílabas
Cómo se pasa la vida                                               8 sílabas
Cómo se viene la muerte                                          8 sílabas
Tan callado                                                                                           4 sílabas

6. Empleo del símbolo como recurso poético
"Alma dormida"
Simboliza al hombre que no piensa sobre la vida.
"Avive el seso"
Significa medita, reflexiona o piensa.

7. Empleo de Anáforas
"Como se pasa la vida"
"Como se viene la muerte"

8. Empleo de los Verbos en Infinito…
No se engañe nadie, no
Pensando que ha de durar
Lo que espera
Más que duró lo que vio
Porque todo ha de pasar
Por tal manera.

En empleo de los versos en infinito dan al poema el efecto de "acabamiento", de "conclusión", de cosas que terminan, que finalizan.

Actividad
1.¿A qué siglo pertenece Jorge Manrique?
2.¿Por qué se caracteriza la vida de Jorge Manrique?
3.¿Cuál es la obra capital de Jorge Manrique?
4.¿Cuáles son los temas de las Coplas?
5.¿Cuál es el tema de la copla 3?
6.¿Cuál es el tema dominante de la copla 8?
7.Indica la clase de metro y rima de la copla 40.
8.¿Cuál es su tema?
9.¿Qué cualidades de don Rodrigo describe la copla 33?
10.¿Cómo fue don Rodrigo con sus amigos, criados y parientes?


Coplas por la muerte de su padre

I
Recuerde el alma dormida,
avive el seso y despierte
contemplando
cómo se pasa la vida,
cómo se viene la muerte
tan callando,
   cuán presto se va el placer,
cómo, después de acordado,
da dolor;
cómo, a nuestro parecer,
cualquiera tiempo pasado
fue mejor.

II
   Pues si vemos lo presente
cómo en un punto se es ido
y acabado,
si juzgamos sabiamente,
daremos lo no venido
por pasado.
   No se engañe nadie, no,
pensando que ha de durar
lo que espera
mas que duró lo que vio,
pues que todo ha de pasar
por tal manera.

III
   Nuestras vidas son los ríos
que van a dar en la mar,
que es el morir,
allí van los señoríos
derechos a se acabar
y consumir;
   allí los ríos caudales,
allí los otros medianos
y más chicos,
y llegados, son iguales
los que viven por sus manos
y los ricos.

IV
Invocación
   Dejo las invocaciones
de los famosos poetas
y oradores;
no curo de sus ficciones,
que traen yerbas secretas
sus sabores;
   aquel sólo invoco yo
de verdad,
que en este mundo viviendo
el mundo no conoció
su deidad.

V
   Este mundo es el camino
para el otro, que es morada
sin pesar;
mas cumple tener buen tino
para andar esta jornada
sin errar.
   Partimos cuando nacemos
andamos mientras vivimos,
y llegamos
al tiempo que fenecemos;
así que cuando morimos
descansamos.

VI
   Este mundo bueno fue
si bien usásemos dél
como debemos,
porque, según nuestra fe,
es para ganar aquel
que atendemos.
   Aun aquel Hijo de Dios,
para subirnos al cielo,
descendió
a nacer acá entre nos,
y a morir en este suelo
do murió.

VII
   Ved de cuán poco valor
son las cosas tras que andamos
y corremos,
que, en este mundo traidor
aun primero que miramos
las perdemos:
   de ellas deshace la edad,
de ellas casos desastrados
que acaecen,
de ellas, por su calidad,
en los más altos estados
desfallecen.

VIII
   Decidme: La hermosura,
la gentil frescura y tez
de la cara,
la color y la blancura,
cuando viene la vejez,
¿cuál se para?
   Las mañas y ligereza
y la fuerza corporal
de juventud,
todo se torna graveza
cuando llega al arrabal
de senectud.

IX
   Pues la sangre de los godos,
y el linaje y la nobleza
tan crecida,
¡por cuántas vías y inodos
se pierde su gran alteza
en esta vida!
   Unos, por poco valer,
¡por cuán bajos y abatidos
que los tienen!;
otros que, por no tener,
con oficios no debidos
se mantienen.

X
   Los estados y riqueza,
que nos dejen a deshora
¿quién lo duda?
no les pidamos firmeza,
pues son de una señora
que se muda.
   Que bienes son de Fortuna
que revuelven con su rueda
presurosa,
la cual no puede ser una
ni estar estable ni queda
en una cosa.

XI
   Pero digo que acompañen
y lleguen hasta la huesa
con su dueño:
por eso no nos engañen,
pues se va la vida apriesa
como sueño;
   y los deleites de acá
son, en que nos deleitamos,
temporales,
y los tormentos de allá,
que por ellos esperamos,
eternales.

XII
   Los placeres y dulzores
de esta vida trabajada
que tenemos,
no son sino corredores,
y la muerte, la celada
en que caemos.
   No mirando a nuestro daño,
corremos a rienda suelta
sin parar;
desque vemos el engaño
y queremos dar la vuelta,
no hay lugar.

XIII
   Si fuese en nuestro poder
hacer la cara hermosa
corporal,
como podemos hacer
el alma tan gloriosa,
angelical,
   ¡qué diligencia tan viva
tuviéramos toda hora,
y tan presta,
en componer la cautiva,
dejándonos la señora
descompuesta!

XIV
   Esos reyes poderosos
que vemos por escrituras
ya pasadas,
con casos tristes, llorosos,
fueron sus buenas venturas
trastornadas;
   así que no hay cosa fuerte,
que a papas y emperadores
y prelados,
así los trata la Muerte
como a los pobres pastores
de ganados.

XV
   Dejemos a los troyanos,
que sus males no los vimos,
ni sus glorias;
dejemos a los romanos,
aunque oímos y leímos
sus historias;
   no curemos de saber
lo de aquel siglo pasado
qué fue de ello;
vengamos a lo de ayer,
que también es olvidado
como aquello.

XVI
   ¿Qué se hizo el Rey Don Juan?
Los Infantes de Aragón
¿qué se hicieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué de tanta invención
que trajeron?
   ¿Fueron sino devaneos,
qué fueron sino verduras
de las eras,
las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras?

XVII
   ¿Qué se hicieron las damas,
sus tocados y vestidos,
sus olores?
¿Qué se hicieron las llamas
de los fuegos encendidos
de amadores?
   ¿Qué se hizo aquel trovar,
las músicas acordadas
que tañían?
¿Qué se hizo aquel danzar,
aquellas ropas chapadas
que traían?

XVIII
   Pues el otro, su heredero,
Don Enrique, ¡qué poderes
alcanzaba!
¡Cuán blando, cuán halaguero
el mundo con sus placeres
se le daba!
   Mas verás cuán enemigo,
cuán contrario, cuán cruel
se le mostró;
habiéndole sido amigo,
¡cuán poco duro con él
lo que le dio!

XIX
   Las dádivas desmedidas,
los edificios reales
llenos de oro,
las vajillas tan fabridas,
los enriques y reales
del tesoro;
   los jaeces, los caballos
de sus gentes y atavíos
tan sobrados,
¿dónde iremos a buscallos?
¿qué fueron sino rocíos
de los prados?

XX
   Pues su hermano el inocente,
que en su vida sucesor
le hicieron,
¡qué corte tan excelente
tuvo y cuánto gran señor
le siguieron!
   Mas, como fuese mortal,
metiole la Muerte luego
en su fragua.
¡Oh, juicio divinal,
cuando más ardía el fuego,
echaste agua!

XXI
   Pues aquel gran Condestable,
maestre que conocimos
tan privado,
no cumple que de él se habla,
mas sólo cómo lo vimos
degollado.
   Sus infinitos tesoros,
sus villas y sus lugares,
su mandar,
¿qué le fueron sino lloros?
¿Qué fueron sino pesares
al dejar?

XXII
   Y los otros dos hermanos,
maestres tan prosperados
como reyes,
que a los grandes y medianos
trajeron tan sojuzgados
a sus leyes;
   aquella prosperidad
que en tan alto fue subida
y ensalzada,
¿qué fue sino claridad
que cuando más encendida
fue matada?

XXIII
   Tantos duques excelentes,
tantos marqueses y condes
y varones
como vimos tan potentes,
di, Muerte, ¿do los escondes
y traspones?
   Y las sus claras hazañas
que hicieron en las guerras
y en las paces,
cuando tú, cruda, te ensañas,
con tu fuerza las aterras
y deshaces.

XXIV
   Las huestes innumerables,
los pendones, estandartes
y banderas,
los castillos impugnables,
los muros y baluartes
y barreras,
   la cava honda, chapada,
o cualquier otro reparo,
¿qué aprovecha?
Cuando tú vienes airada,
todo lo pasas de claro
con tu flecha.

XXV
   Aquel de buenos abrigo,
amado por virtuoso
de la gente,
el maestre Don Rodrigo
Manrique, tanto famoso
y tan valiente;
   sus hechos grandes y claros
no cumple que los alabe,
pues los vieron,
ni los quiero hacer caros
pues que el mundo todo sabe
cuáles fueron.

XXVI
   Amigos de sus amigos,
¡qué señor para criados
y parientes!
¡Qué enemigo de enemigos!
¡Qué maestro de esforzados
y valientes!
   ¡Que seso para discretos!
¡Qué gracia para donosos!
¡Qué razón!
¡Qué benigno a los sujetos!
¡A los bravos y dañosos,
qué león!

XXVII
   En ventura Octaviano;
Julio César en vencer
y batallar;
en la virtud, Africano;
Aníbal en el saber
y trabajar;
   en la bondad, un Trajano;
Tito en liberalidad
con alegría,
en su brazo, Aureliano;
Marco Atilio en la verdad
que prometía.

XXVIII
   Antonio Pío en clemencia;
Marco Aurelio en igualdad
del semblante;
Adriano en elocuencia,
Teodosio en humanidad
y buen talante;
   Aurelio Alejandro fue
en disciplina y rigor
de la guerra;
un Constantino en la fe,
Camilo en el gran amor
de su tierra.

XXIX
   No dejó grandes tesoros,
ni alcanzó muchas riquezas
ni vajillas;
mas hizo guerra a los moros,
ganando sus fortalezas
y sus villas;
   y en las lides que venció,
cuántos moros y caballos
se perdieron;
y en este oficio ganó
las rentas y los vasallos
que le dieron.

XXX
   Pues por su honra y estado,
en otros tiempos pasados,
¿cómo se hubo?
Quedando desamparado,
con hermanos y criados
se sostuvo.
   Después que hechos famosos
hizo en esta misma guerra
que hacía,
hizo tratos tan honrosos
que le dieron aun más tierra
que tenía.

XXXI
   Estas sus viejas historias
que con su brazo pintó
en juventud,
con otras nuevas victorias
ahora las renovó
en senectud.
   Por su grande habilidad,
por méritos y ancianía
bien gastada,
alcanzó la dignidad
de la gran Caballería
de la Espada.

XXXII
   Y sus villas y sus tierras
ocupadas de tiranos
las halló;
mas por cercos y por guerras
y por fuerza de sus manos
las cobró.
   Pues nuestro rey natural,
si de las obras que obró
fue servido,
dígalo el de Portugal
y en Castilla quien siguió
su partido.

XXXIII
   Después de puesta la vida
tantas veces por su ley
al tablero;
después de tan bien servida
la corona de su rey
verdadero;
   después de tanta hazaña
a que no puede bastar
cuenta cierta,
en la su villa de Ocaña
vino la Muerte a llamar
a su puerta

XXXIV
   diciendo: -«Buen caballero
dejad el mundo engañoso
y su halago;
vuestro corazón de acero
muestre su esfuerzo famoso
en este trago;
   y pues de vida y salud
hicisteis tan poca cuenta
por la fama,
esfuércese la virtud
para sufrir esta afrenta
que os llama.

XXXV
   «No se os haga tan amarga
la batalla temerosa
que esperáis,
pues otra vida más larga
de la fama gloriosa
acá dejáis,
   (aunque esta vida de honor
tampoco no es eternal
ni verdadera);
mas, con todo, es muy mejor
que la otra temporal
perecedera.

XXXVI
   «El vivir que es perdurable
no se gana con estados
mundanales,
ni con vida delectable
donde moran los pecados
infernales;
   mas los buenos religiosos
gánanlo con oraciones
y con lloros;
los caballeros famosos,
con trabajos y aflicciones
contra moros.

XXXVII
   «Y pues vos, claro varón,
tanta sangre derramasteis
de paganos,
esperad el galardón
que en este mundo ganasteis
por las manos;
   y con esta confianza,
y con la fe tan entera
que tenéis,
partid con buena esperanza,
que esta otra vida tercera
ganaréis.»

XXXVIII
[responde el Maestre]
   -«No tengamos tiempo ya
en esta vida mezquina
por tal modo,
que mi voluntad está
conforme con la divina
para todo;
   y consiento en mi morir
con voluntad placentera,
clara y pura,
que querer hombre vivir
cuando Dios quiere que muera,
es locura.

XXXIX
   Tú, que, por nuestra maldad,
tomaste forma servil
y bajo nombre;
tú, que a tu divinidad
juntaste cosa tan vil
como es el hombre;
   tú, que tan grandes tormentos
sufriste sin resistencia
en tu persona,
no por mis merecimientos,
mas por tu sola clemencia
me perdona.»

XL
Fin
   Así, con tal entender,
todos sentidos humanos
conservados,
cercado de su mujer
y de sus hijos y hermanos
y criados,
   dio el alma a quien se la dio
(el cual la dio en el cielo
en su gloria),
que aunque la vida perdió,
dejonos harto consuelo
su memoria.

Manuel A. Segura

Nace en Lima el 23 de junio de 1805, hijo de un militar español. Ingresa al ejército realista como cadete en 1824, y continuó hasta 1841, cuando dejó el ejército con el grado del sargento mayor. Ese mismo año funda el diario La Bolsa, en donde publicó artículos costumbristas. Ocupó cargos públicos como la secretaría de la Prefectura de Piura en 1849 y una diputación por Loreto en 1860.  Funda en Piura el semanario satírico El Moscón, en donde luce su lenguaje ameno, criollo, costumbrista, lleno de giros y voces populares, convirtiéndose en maestro de las nuevas generaciones. Estuvo presente en las tertulias literarias de su tiempo pero huye del aplauso y de las manifestaciones admirativas. Por razones de salud deja la administración pública escribiendo en el retiro Ña Catita, Lances de Amancaes, La Saya y el Manto. Fallece el 17 de setiembre de 1871.

POESÍA
        A las muchachas, sextillas dirigidas a niñas pacatas.
            La Pelimuertada, de mucho carácter lírico adornado con giros y gracia criollo, Letrillas sueltas publicadas en diarios.
SAINETES
        Lances de Amancaes                   El cacharpari                   Dos para uno
COMEDIAS
            El Sargento Canuto                       Blasco Núñez de Vela                   Amor y política
            La saya y el manto                         Ña Catita                          Panchita
ARTÍCULOS PERIODÍSTICOS
            Los carnavales                Las calles de Lima             Un paseo al puente

Resumen
Don Jesús y doña  Rufina tienen un hija llamada Juliana. Ella corresponde a los sentimientos amorosos de Manuel, un joven pobre y sin porvenir, protegido por don Jesús. Ñacatita, anciana chismosa, murmuradora y beatona que tiene los siete pelos del diablo “gracias a una recompensa, procura unir en matrimonio a don Alejo, tipo maduro y con una prosperidad y riqueza. Ñacatita trata de influir en juliana; al no poder lograr su objetivo de convencerla que se  case con el ricachón del pueblo o sea don Alejo, entonces influye sobre doña Rufina. Al escuchar la noticia “don Jesús “de que a su hija le quieren hacer casar con el viejo ricachón ,Él desesperadamente se opone a ese enlace  matrimonial porque para él es algo absurdo escuchar esa noticia. Don Jesús y doña Rufina discuten sobre el futuro de su hija, por lo cual cada uno defiende su punto de vista.La madre apuesta por  él viejo ricachón don Alejo, diciendo que goza de una fortuna y con ello está asegurado el futuro de Juliana y además de eso es un hombre distinguido en la familia aristocrática, Pero a don Jesús no le simpatiza el viejo Alejo Por eso prefiere al apuesto joven Manuel  a quien cría y protege que se case con su adorable hija Juliana, Sugiriendo que ambos muchachos se casen por que están muy enamorados  .Rufina no le gusta la idea. La vieja Chismosa Ñacatita saca provecho ambas situaciones, sugiere a los enamorados que huyan y que defiendan su amor, La malvada “Ñacatita” aconseja a Rufina que deje a su esposo en complicidad con don Alejo. Ellos hacen caso al consejo. Cuando ellos están a punto de abandonar la casa, doña Rufina y los enamorados cada uno por su lado .Pero aparece imprevisto don Jesús y se encuentra con el cuadro de intentos de fuga, Él revienta en cólera y empieza una discusión sumamente de tonos  alterados. En esos instantes llega don Juan viejo amigo de la familia, llega a su casa portando una carta enviado por la esposa de don Alejo (del cuzco), entonces el engaño es descubierto. Don Jesús bota de su casa a Ñacatita por entrometida y discute con su esposa. Rufina llora su desgracia. La calma se restablece en el hogar en gran parte por intercesión de don Juan, al mismo que asegura el matrimonio entre Juliana y Manuel.

                                                                             ANÁLISIS DE LA OBRA “ÑACATITA”
GÉNERO LITERARIO: Teatro.
ESPECIE LITERARIA: Comedia
MOVIMIENTO O ESCUELA LITERARIA. Costumbrismo.
TEMA PRICIPAL. En esta obra el tema principal es el matrimonio forzado entre Alejo y Juliana, apoyado por Doña Rufina. A través de este se desencadena una serie de conflictos creados por la entrometida Ña Catita, que interfieren con la relación de Doña Rufina y Don Jesús.
Estructura de La obra Ñacatita. Consta de tres actos.
ESCENARIO: se desarrolla en la casa de don Jesús (lima).
EL TIEMPO: El tiempo cronológico en el que se desenvuelve la obra es aproximadamente de 1 a 2 días.

PERSONAJES PRINCIPAL.
Ñacatita: Amiga intima de Doña Rufina.
Doña Rufina: Madre de la joven Juliana.
Don Alejo. Viejo enamorado de Juliana la cual pretende tomar por esposa.
Juliana: Hija de Doña Rufina y de Don Jesús.

PERSONAJES SECUNDARIOS.
Don Jesús: Esposo de doña Rufina y padre de Juliana.
Manuel. Joven apuesto, que está enamorado de Juliana.
Juan: Amigo de la familia.
Mercedes .criada de la familia de Jesús y Rufina.
Criado.
LENGUAJE : es sencillo y popular y sobre todo satírico .

sábado, 14 de junio de 2014

RESUMEN DE LA CELESTINA

Temas:

Amor: Es el tema central. Pero es un amor enfermizo y obsesivo, el llamado "loco amor". Por ejemplo, Calisto dice que se siente enfermo después de ver a Melibea. Además, es un amor ilícito. Calisto y Melibea abandonan las normas del amor cortés y la conducta juiciosa, y se entregan a la pasión, mientras que los criados mantienen relaciones con las prostitutas. Celestina fomenta esta concepción sensualista del amor.

Codicia: La codicia es lo que motiva a los criados y a Celestina a que ayuden a Calisto. De hecho, la avaricia de Celestina, cuando no quiere compartir la cadena con los criados, provoca su muerte. Los criados caen víctimas a la codicia también cuando la asesinan y se mueren tratando de huir de la justicia.

Muerte: El desenlace es trágico, dado que la mayoría de los personajes se mueren al final. Se abandona la idea medieval de la muerte como liberación y paso a la verdadera vida celestial. Por eso todos los personajes quieren gozar intensamente y viven con impaciencia. Hay una exaltación constante del carpe diem, (disfrutar el día)  un tema principal de la literatura renacentista.

Magia: La práctica de la magia era habitual en la España de esta época, así come en toda la Edad Media. Celestina usa la magia para que Melibea se enamore de Calisto.



Resumen de La Celestina
Calisto, un joven de noble linaje se enamora a primera vista de Melibea, la única heredera de una familia, cuando entra al huerto de su casa buscando su halcón. Pero cuando Calisto comienza a expresarle sus sentimientos con lisonjas que incluyen: "Por cierto, los gloriosos santos que se deleitan en la visión divina no gozan más que yo agora en el acatamiento tuyo", ella lo rechaza.
Su criado Sempronio le sugiere que recurra a una vieja prostituta y alcahueta profesional llamada Celestina. Ésta se hace pasar por vendedora de artículos diversos para entrar en las casas y organizar citas de amantes. También regenta un burdel con dos prostitutas, Areúsa y Elicia.
Pármeno, otro criado de Calisto, cuya madre conocía a Celestina, trata de disuadirlo:
". . . tenía para remediar amores y para se querer bien: tenía huesos de corazón de ciervo, lengua de víbora, cabezas de codornices . . . Venían a ella muchos hombre y mujeres, y a unos demudaba el pan donde mordían, a otros, de su ropa; a otros, de su sus cabellos . . . a otros daba unos corazones de cera, llenos de agujas quebradas, y a otras cosas en barro y en plomo fechas, muy espantables a ver. Pintaba figuras, decía palabras en tierra. ¿Quién te podrá decir lo que esta vieja hacía? Y todo era burla y mentira".
A pesar de las razones de Pármeno, Calisto no le hace caso e insiste en su deseo de poseer a Melibea. Celestina conjura al diablo para hechizar a Melibea y hacer que se enamore de Calisto. Luego va a su casa con el pretexto de venderle hilado. Melibea le paga el hilado con su cordón y ésta lo usa para completar el hechizo.
Celestina también logra corromper a Pármeno y le envía una de sus prostitutas, Areúsa, a seducirlo para que se ponga de su parte. Mientras tanto la otra, Elicia, es amante de Sempronio. Una vez que Melibea se enamore de Calisto, éste le da a Celestina una cadena de oro. Sempronio y Pármeno querían beneficiarse de la pasión de su amo también, por lo que le reclaman a Celestina su parte del pago, pero ella se niega a compartir. Los criados se vengan de Celestina, matándola pero al tratar de huirse de la justicia, se saltan por la ventana y se mueren.
Las dos prostitutas, que se han quedado sin Celestina y sin sus amantes, deciden vengarse de Calisto de Melibea. Envían al rufián Centurio a que arme un alboroto en la calle durante una cita romántica entre Calisto y Melibea. Calisto baja la escalera apresuradamente para ver qué pasa y asegurarse de que sus criados no estén en peligro, pero se cae y se muere. Al ver esto, Melibea confiesa a su padre sus amores con Calisto y sus tratos con Celestina, y enseguida se quita la vida, lanzándose de una torre de su casa. La obra termina con la lamentación de Pleberio, padre de Melibea